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  • Foto del escritorPaola Amaya

MEMORIAS CELULARES

El cuerpo cuenta historias, el cuerpo guarda memorias.

¿Alguna vez te has preguntado por qué se repiten historias en tu vida? ¿Emociones o comportamientos recurrentes y difíciles de cambiar? ¿Cómo podrías cambiarlas?

El lenguaje no verbal, el lenguaje corporal, la postura, los movimientos y la fisionomía de las personas, aportan información de su personalidad, emocionalidad, historia personal e incluso de sus creencias.

Por ejemplo, si una persona baja la cabeza, la comisura de los labios y los hombros cierran el pecho, estos movimientos, en conjunto, pueden indicar que su sensación es de derrota; si por el contrario los hombros están hacia atrás y abajo, el tórax expandido y el mentón paralelo al suelo, este conjunto puede indicar tranquilidad y apertura. En Psiconeuroinmunoterapia a esta información le llamamos Epifenómenos, datos físicos del cuerpo y sus movimientos que reflejan procesos mentales o emocionales, la mayoría de veces atados a una historia.

Cada emoción y sensación tiene un estado químico y hormonal correspondiente. Este estado consiste en un coctel hormonal con efectos en el estado interno y externo del cuerpo. Dicho coctel está formado por un conjunto de sustancias como hormonas del sistema nervioso autónomo, neurotransmisores  y neuropeptidos, que son pequeñas sustancias mensajeras entre los órganos y el sistema nervioso.


Si, por ejemplo, se presenta un caso de amenaza, peligro o estrés, el sistema nervioso que se activa es el de alerta; y las hormonas, adrenalina y noradrenalina, dilatarán las arterias para mejorar la circulación de la sangre en los músculos, que nos permitirán correr, huir, saltar y reaccionar. Si, por el contrario, la emoción es de ternura la circulación sanguínea será menor en los músculos y mayor en la piel, mejorando la sensibilidad al tacto y las caricias y, también, la agudeza visual. Cuando el estado interno es de seguridad, se puede destinar la mayoría de recursos del sistema para la obtención de energía, como por ejemplo la digestión. En la reacción a cada emoción, según el estado químico interno, el cuerpo adopta una postura anatómica, activa determinados músculos e inhibe los movimientos de otros, modificando la apariencia física.

Cuando un recuerdo se vuelve permanente = Una tendencia


Las emociones, a través de su respectivo coctel biológico y hormonal, imprimen en el cuerpo memorias celulares y, según su intensidad o frecuencia, pueden convertirse en reflejos, posturales y biológicos. Varios de estos estados pueden instaurarse como patrones recurrentes. La recurrencia puede manifestarse de forma física, química y/o comportamental. De esta forma los recuerdos pueden generar tendencias de postura en el cuerpo. Y por asociación, las posturas pueden desencadenar emociones y activar recuerdos.

Según la cantidad de tendencias de estados que tengamos, y la frecuencia con la que aparezcan, éstas se harán más o menos fijas y condicionarán la vida. Según la calidad de la sensación, o sensaciones, de cada tendencia nos sentiremos en un estado de mayor o menor bienestar y ésto, por supuesto, influenciará nuestro comportamiento.

Un estado de derrota probablemente esté constituido de sensación de miedo, sensación de tristeza y, puede que también, sensación de rabia. El miedo activa las hormonas del estrés, la tristeza disminuye la amplitud respiratoria y la rabia produce sustancias de irritación. Un estado de esperanza, se asocia más a una postura de apertura del tórax y las extremidades, una mayor capacidad pulmonar, mejor calidad de la respiración y mejor circulación en las áreas más distales del cuerpo, como los labios, los dedos y la piel.

Entonces, ¿Qué es una memoria celular?  Aquel estado que tuvo tal intensidad, o frecuencia de repetición, que se constituye en un patrón predominante el cual se manifiesta en la fisiología neuronal, biológica y postural. Una Memoria Celular Dominante se repite y manifiesta por encima de las otras tendencias también guardadas en la memoria, los estados permanecen mantenidos en el tiempo, por condicionamiento reflejo a dicha memoria celular.

La característica del estado determinará sus efectos en la salud física, emocional y relacional. Porque, además, dicho estado, con su química correspondiente y sus efectos en el sistema nervioso, en los órganos de los sentidos, en la corteza cerebral y en las áreas asociativas del cerebro, modifica la forma en la que se percibe la realidad.

De constituirse una rigidez de estado, podría afectar la adaptación al medio.

Mantener un estado de esperanza durante un terremoto, en el que caen cosas del techo y hay objetos volando como proyectiles, puede ser tan desadaptativo como mantener un estado de pánico durante una reunión familiar de celebración.

Podría ser, por ejemplo, que externamente todo se perciba de igual manera, aunque todo siempre cambie, porque lo “igual” es mi estado interno. Con muchas sustancias químicas de miedo, la parte del cerebro encargada de detectar peligros se encargará de encontrar la mayor cantidad de amenazas externas posibles, con el propósito de poder defenderse, alimentando el circuito del miedo. Contrario a la permanencia de sustancias químicas de esperanza, como la serotonina, que enfoca al sistema a encontrar mayores posibilidades y atender menos a los peligros.

Encontrar en el cuerpo una herramienta para no vivir en la historia sino renovar la existencia al presente, en constante cambio, es una de las posibilidades que ofrece la relación que acabo de describir. Requiere el conocimiento de dichos estados, el relacionamiento directo con el cuerpo, una mayor conciencia de su estado, la práctica en cambiar de posturas a voluntad, la propiocepción, cambios biológicos y otros aspectos que desarrollamos en procesos terapéuticos.

¿Reconoces el tipo de memorias celulares que predominan en tu cuerpo? ¿Qué tal útiles te resultan?

Edición: Carmen Puchol


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